I. ESBOZO BIOGRÁFICO
Alfonso de Silva nació en el Callao, el 22 de diciembre de
1902, y falleció en Lima, el 7 de mayo de 1937. Violinista y pianista de
gran virtuosidad, compuso la parte esencial de su obra (música lírica, para
violín y piano, sinfónica) antes de los veinte años. Su obra, integrada
por Alberto Ureta en la corriente modernista (en la grabación que le dedicó
en 1995, © Alma Musik, véase "Referencias"), no puede ser asimilada restrictivamente
a una corriente precisa. Es ante todo la expresión de una voz singular,
de une extrema sensibilidad.
Al margen de sus composiciones musicales, Alfonso de Silva nos ha legado
poemas, y una correspondencia muy hermosa (publicada con el título "101
cartas y una sola angustia" por la Editorial Mejía Baca, Lima, 1975). Aquellas
cartas atestiguan condiciones de vida extremadamente difíciles y la precaridad
que padeció.
Su vida breve fue mayormente impactada por dos viajes a París, donde vivió
en un ambiente bohemio, conjuntamente con los poetas y escritores peruanos,
César Vallejo, César Moro "contagiados de un estado de locura artística"
(L.A. Sánchez)
Hablando de su obra, Francisco Pulgar Mejía dice: "Su producción [...] evidencia,
aun desde las más tempranas obras, un claro poder intuitivo de la lógica,
a la vez que un seguro tratamiento de los recursos sonoros al servicio de
una expresión esencialmente lírica". A propósito de sus Lieders, Pulgar
Vidal agrega: "sin excepción, revelan al compositor con ideas concisas,
sin alardes efectistas, cuya conducción melódica es tan fiel al texto, que
se puede decir que la música supera a veces a la palabra en lo que a precisión
poética se refiere."
Celebrando el cincuentenario de la muerte del compositor, Edmundo de Los
Ríos escribía: " Alfonso de Silva es nuestro mas grande y est notre compositeur
le plus grand et le plus enivrant. Su obra y su vida vertiginosa fueron
interrumpidas por su muerte, a los 34 años.... Hay que interrogarse sobre
la desesperación, la angustia y la exaltación que lo condujeron a consumirse
en una pasión en la que la música, la poesía el hedonismo y el amor eran
un mismo hogar inmortal, un joven con un talento exquisito, una sensibilidad
refinada y una belleza particular, en un París que creaba destruía los genios"
(Caretas, 2 marzo 1987 p.36)
II. ANÁLISIS DE LA OBRA 
Artículo escrito por Fernando Carvallo, con motivo del
centenario del compositor Alfonso de Silva, "genio precoz y amigo crepuscular
de Vallejo". Publicado en la edición del 19 de
diciembre de 2002 de la revista "Caretas". "
Alfonso de Silva es uno de los más talentosos y precoces compositores de
nuestra historia. Nacido en el Callao el 22 de diciembre de 1902, cuando
parte a Europa a los dieciocho años había vivido intensamente la Lima del
Palais Concert y la Belle Epoque, dejando cuarenta composiciones y una sólida
reputación de bohemio. En Madrid fue figura estelar en las celebraciones
hispanoamericanas durante el reinado de Alfonso XIII, antes de viajar a
Berlín y psicoanalizarse bajo la dirección de Honorio Delgado, por entonces
en relación directa con Sigmund Freud. En París, Zoila Aurora Cáceres lo
introdujo a salones literarios y musicales, en los que conoció las dos caras
de la gloria.
Pero acaso la experiencia más decisiva en la capital francesa haya sido
su encuentro con el poeta César Vallejo, quien escribió por entonces: "Vivo
a diario y con toda fraternidad con Silva, que es lo único de grande que
hasta ahora he hallado en Europa". Las 110 cartas que entre 1921 y 1923
Alfonso de Silva escribió desde Europa al crítico Carlos Raygada constituyen
un documento detallado y desgarrador sobre sur primeros años de exilio,
marcado por una gran pasión creativa, la precariedad económica y la tentación
del abismo. A diferencia de Vallejo, una forma wildiana de escepticismo
le impidió asumir credos políticos: "El error del comunismo es querer aplicar
una teoría perfecta en seres tan imperfectos como los hombres". Después
de una grave crisis moral sufrida por su amigo adolescente, Vallejo se esmera
en enviarlo de vuelta al Perú: "Europa es así: tiene sus tiempos en que
puede dar y otros en que le estruja a uno el espíritu y le despoja lo que
le dio y de algo más nuestro. Alfonso ya no tiene nada que sacar de aquí.
Debe volverse. Sáquenle de aquí, como él dice: sáquenle en el día".
Durante su estadía en Lima dio conciertos en ambientes profesionales, pero
también en el recientemente creado hospital psiquiátrico Larco Herrera,
en la sede de la combativa Federación de Estudiantes, y en la del sindicato
de Vitarte donde conoció a José Carlos Mariátegui. Pese a la satisfacción
de nuevas amistades como la que estableció con el poeta Percy Gibson, De
Silva decidió regresar a París con la cantante Alina Lestonnat, de cuya
unión nació en 1926 su único hijo, Alfonso de Silva, diplomático y funcionario
internacional fallecido en 1999. La pareja aprovechó el auge del tango en
Europa para presentarse con éxito en las principales ciudades de Francia,
Bélgica, España y Portugal, antes de separarse con estrépito. El poeta César
Moro lo había presentido, tal como dejó constancia en versos de la Tortuga
Ecuestre, escritos en Francia en 1928: "Te he visto con un tricot rojo como
bañada en una agua fresca, de tus crímenes, de los crímenes que acabarás
de cometer… Dulce eres porque te veo en prisión a través del velo de las
lágrimas".
De Silva regresó en 1928 al Perú, solo y derrotado. Carente de respaldo
presupuestal, el Conservatorio decidió no contratarlo. Incorporado a la
marina mercante, recorrió las costas del Pacífico, escribiendo versos como
éste:
"En vez de campos cultivados, encontré campos sembrados de coronas. Y de
un hombre sembrado en la tierra, sólo nace una cruz solitaria".
Como confesó en carta a su hermana Graciela,
"hace tiempo que no sé nada de nadie. Parece como si me hubieran cortado
la luz, la de la vida, y que viviera a oscuras". Dedicó su último poema
a César Miró:
"Me perdono a mí mismo el haber sido solo un intento de Eternidad… Tú eres
casi tan bueno como el intento mío de haber sido".
Muere el 7 de junio de 1937.
Inspirado a la vez por la música clásica alemana, por Debussy, César Franck,
Mahler, Rimsky-Korsakov y Stravinsky, De Silva compuso obras para violín,
piano, cuartetos de cuerdas y orquesta pero también minuetos, lieders, baladas,
tangos, valses y melodías de inspiración andina. La serie Poemas ingenuos
dedicados a su hijo y Las Gaviotas, composición motivada por una temporada
de reposo en Huacho en 1921 han sido adaptadas a la guitarra por el músico
Javier Echecopar, quien las incorporó en 1987 a su disco Matices. Justamente
para conmemorar el centenario de De Silva, Echecopar y las herederas de
Alfonso de Silva organizaron un concierto en la Casa de América Latina de
París, que contó con el auspicio del embajador S.E. Javier Pérez de Cuellar
y con el actual dinamismo del servicio cultural de nuestra embajada.
En 1975 Juan Mejía Baca publicó las mencionadas cartas a Carlos Raygada
(110 cartas y una sola angustia) con prólogo de Luis Alberto Sánchez, quien
lo recuerda paseando en el Jirón de la Unión "su bella estampa chopiniana:
larga la romántica melena, displicente el gesto de ángel caído, incisivo
en sus chistes, insaciable en su sed". En 1980 la musicóloga peruana Rosa
Alarco publicó en Cuba une documentada biografía de Alfonso de Silva. Pocos
conocen en el Perú el valor de su obra de creador, pero ningún lector de
poesía puede olvidar el único poema que Vallejo escribiera sobre su amigo:
"Sufro bebiendo un vaso de tí, Silva,
un vaso para ponerse bien, como decíamos,
y después, ya veremos lo que pasa…
porque te quiero, dos a dos, Alfonso,
y casi lo podría decir, eternamente"
Entre los papeles póstumos de Alfonso de Silva se halló un poema, que nunca
llegó a manos de su destinatario:
"He leído tu Trilce, Vallejo.
Nunca había visto a la Verdad,
Como la quería Nietzsche,
Bailando como loca
Sobre la cuerda floja"
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